El tiempo es oro. Innovación en Hostelería

El tiempo es oro. Innovación en Hostelería

Ya lo decía José Luis Sampedro, “El tiempo no es oro, el oro no vale nada. El tiempo es vida”, una frase que esconde una gran verdad, el valor real de las cosas.

Puede que el tiempo no sea oro, pero está claro que nuestro tiempo tiene un valor, y empieza a cambiar la forma de entenderlo y de darlo por sentado.

Los tiempos están cambiando y, con ello, la forma de hacer las cosas. Nos encontramos ante nuevas dinámicas sociales, nuevos colectivos, como es el caso de los Milennials, jóvenes con una alta capacidad tecnológica y que, suelen dedicarse a profesiones de carácter creativo y autónomo.

Profesiones, en su mayoría, de reciente aparición con motivo de la revolución digital.

Se trata de jóvenes con ideas creativas, que buscan cambiar la forma en que entendemos nuestro día a día, sobre todo en el entorno laboral.

Desaparecen las oficinas, “hola” a los espacios de coworking, espacios compartidos para trabajar con personas con perfiles profesionales afines para establecer sinergias profesionales.

Nos encontramos ante nueva forma de entender las cosas, necesidades nuevas de la mano de estos jóvenes, que también suponen nuevos modelos de mercado, muy presentes para emprendedores que también gustan por la creatividad y la innovación.

Está claro que a la hora de poner en marcha un negocio, una de las principales cosas a tener en cuenta en su plan de negocio es el perfil del cliente al que nos dirigimos.

Cuando ese cliente coincide contigo, con tu estilo de vida, con tus necesidades, está claro que identificar esas necesidades no cubiertas es mucho más sencillo.

¿Cómo con el valor del tiempo se puede innovar en el sector de la Hostelería?

Al comenzar la crisis tuve claro que las cosas pintaban feas para buscarse la vida en España, así que cogí las maletas y me decidí a pasar una temporada en Londres.

Me parecía una ciudad excitante y llena de estímulos, mucha creatividad y ese Know how tan diferente al de España. Me parecía una excelente oportunidad para empaparme de ideas nuevas y formas diferentes de trabajar, además de aprender Inglés.

Pasé varios años en Londres realizando diversos trabajos, principalmente en el mundo de la Hostelería, terminé llevando un pequeño restaurante de comida española.

Aunque me gustaba mi vida en Londres, sabía que quería volver a España, el clima londinense y yo no terminábamos de entendernos, echaba mucho de menos el buen clima mediterráneo y la cultura de tapas a la que tanto me había acostumbrado y, por supuesto, a mis amigos y familia.

La hora de volver estaba llegando y, como no, con una buena idea de negocio en el bolsillo para llevar a cabo.

Ahora más que nunca, la creatividad y la innovación son la clave, en este, y en muchos otros sectores.

La idea que más me gustaba era la del tiempo, el valor de nuestro tiempo. De hecho, en Londres estaban teniendo mucho éxito bares en los que el cliente no paga lo que consume sino el tiempo que pasa en el local.

La primera vez que fui con unos amigos a uno de estos establecimientos, me pareció una idea realmente buena.

Ya que, se adapta perfectamente a las nuevas necesidades de una juventud, que no solo busca una buena gastronomía, sino también un entorno agradable y tranquilo para socializar.

En este tipo de establecimientos, el precio del ticket dependerá del tiempo transcurrido en el local independientemente de lo que se consuma.

Me gustaba mucho Barcelona para probar a llevar a cabo esta idea, así que pensé en pasar unas semanas en la ciudad y acudir a conferencias y talleres del sector para tener una idea más cercana y real de cómo marchaban las cosas para este tipo de negocios.

De hecho, la que fue mi socia en mi pequeño negocio londinense era catalana, la típica amiga que siempre sabe a dónde llevarte, o decirte en dónde comer y dónde quedarte.

Así que perdida en un mar de dudas sobre dónde alojarme en Barcelona le pregunté por un buen hotel para pasar esos días, su respuesta fue inmediata.

Me recomendó el Hotel Mercer Barcelona, un hotel de lujo situado en el corazón del barrio gótico de la Ciudad Condal, muy cerca de la catedral.

Al parecer el hotel ocupa una serie de edificios de gran valor arquitectónico en la calle Lledó, construidos sobre una parte de la muralla romana de la antigua Barcino y cuenta con arcos medievales y frescos originales del S XII.

Una propuesta arquitectónica sorprendente que me llevaría a otra época, un ejemplo de modernidad y tradición, para recordarme la importancia del tiempo.

Del paso del tiempo, y de terminar de entender el verdadero valor del mismo para darme cuenta de que mi intuición era más que acertada, y mi idea más que un éxito.

Me gustaría destacar también que en el hotel Mercer me di cuenta de que los detalles importan. El detalle con el huésped lo es todo, pero también cabe reconocer que todo está inventado por lo que aquí os dejo mi idea: me puse en contacto con la empresa Mas que toallas para averiguar cuanto costaría tanto económicamente como en tiempo, preparar un juego de toallas con el nombre de hotel, y del huésped, en cada habitación y mi sorpresa es que la idea es posible. De este modo, el huésped se podría llevar a casa un regalo de la empresa, con el logo de la misma a modo publicitario, pero también con su nombre. Un bonito detalle que estoy segura que marcaría la diferencia.