Cuando una buena investigación salva tu negocio

Cuando una buena investigación salva tu negocio

15 julio, 2016

En la sociedad actual, ser emprendedor es algo más que una aventura. Quien, a raíz de una idea, da vida a un negocio tiene una agenda cargada con cientos de cosas de las que estar pendiente un día sí y al otro también. En primer lugar, debe estar muy atento a su mercado y a las necesidades del que considera que es su público objetivo. Además, debe mantener el stock de bienes y también asegurar un servicio de primera línea. Pero ahí no acaba su larga lista de quehaceres, ya que no se puede obviar una de las principales obligaciones de todo emprendedor: el estar pendiente de sus empleados.

Cuando se es emprendedor en una gran ciudad, a menudo nuestros empleados son personas a las que nunca antes habíamos visto y que al principio son grandes desconocidos para nosotros. Con el tiempo, el trabajo, la voluntad y el empeño de muchos de ellos permiten que se ganen nuestra plena confianza. Sin embargo, y por desgracia, algunos están lejos de conseguirlo.

Desde hace algunos años, soy socio fundador, junto con mi hermano, de una empresa que se dedica a la compraventa de muebles. A menudo, ambos tenemos que viajar a otras ciudades como Barcelona, París, Berlín o Estocolmo para asistir a diferentes ferias del mueble para estar a la última en todo lo que tiene que ver con nuestro negocio. Esto implica que ninguno de nosotros puede estar tan cerca de nuestra empresa y de nuestros empleados como en ocasiones quisiéramos. Y esto a veces trae problemas.

Problemas tales como el que nos ocurrió con el contable que teníamos contratado hasta hace un par de meses. Hace más o menos medio año, mientras nosotros nos encontrábamos en Zaragoza, nos llamó para comunicarnos que se había roto un brazo y que iba a solicitar la baja porque le resultaba imposible ejercer su trabajo. Nos proporcionó el certificado médico y, como resulta evidente y también humano, le creímos y contratamos a otra persona para suplirle mientras durara su lesión. El hombre volvió al trabajo y, hace tres meses, mientras nosotros volvíamos a encontrarnos fuera de nuestra ciudad con motivo de un viaje de negocios, volvió a comunicarse conmigo y con mi hermano para decirnos que había recaído y que el médico le había vuelto a aconsejar que permaneciese otro periodo de baja.

Desde ese mismo instante comenzamos a sospechar. Después de deliberar pacientemente durante unos días, mi hermano y yo llegamos a la conclusión de que lo mejor era contratar a un detective para examinara los movimientos de nuestro empleado mientras durara su periodo de baja a fin de descubrir si nos estaba contando la verdad o, por el contrario, nos estaba tomando el pelo. A tal efecto, nos pusimos en contacto con los administradores de castellanadetectives.com, una organización de la que esperábamos la información fiable que nos ayudara a esclarecer la situación para tomar las medidas oportunas si llegaba el caso.

Se confirmó el fraude

El detective que nos asignaron tardó unos quince días en descubrir lo que estaba sucediendo. Nuestras sospechas se confirmaron, porque él mismo descubrió a nuestro empleado celebrando un partido de tenis en el polideportivo de un municipio situado a unos treinta kilómetros de la ciudad. Y ni siquiera llevaba escayolado el brazo. Sorprendimos, le preguntamos a nuestro detective cómo podía ser posible que ocurriera aquello si el trabajador nos había presentado los correspondientes certificados médicos. También dio con la clave de aquello. Resultó ser que el médico era un íntimo amigo del supuestamente lesionado y le había suministrado los certificados de manera fraudulenta.

Apenados por la poca seriedad de una persona en la que habíamos puesto en confianza las cuentas de nuestro negocio, decidimos proceder a su despido, un despido que fue declarado como procedente gracias a las pruebas conseguidas por el detective que contratamos, sin las cuales no podríamos haber defendido los intereses que entendíamos como propios y justos. Con las mismas pruebas elevamos una denuncia contra el médico que posibilitó el fraude, y en esa ocasión también conseguimos ganar el juicio y la indemnización correspondiente.